Lorenzo Vilches | Medios y el cambio de siglo | La emigración hacia el país de la Imagen*
Las tecnologías de la globalización postindustrial cambian el sentido de la nueva migración. El mundo no se divide entre ricos y pobres sino entre quienes están informados y quienes han quedado fuera de la edad de las conexiones. En estos momentos hay unos mil millones de pobres que viven en la edad del apagón digital, son los desconectados del mundo. Si es verdad que el formar parte del ciberespacio es condición indispensable para desarrollar la capacidad de vivir en una sociedad democrática, la entrada en las redes globales se convierte en una cuestión que concierne a la nueva Roma del imperio digital.
La nueva sociedad digital es a la vez un territorio de desarrollo económico y el centro de una gran red integrada de las principales tecnologías de la comunicación. La emigración hacia los países desarrollados es también la entrada al mundo de las redes, y de la nueva cultura de los medios basada en la comercialización de la comunicación. En estos países, la comunicación electrónica se ha hecho indispensable para la creación de nuevas comunidades y espacios sociales. El primer mundo ha sabido desarrollar un entorno ciberespacial que constituye un escenario que trasciende los límites geográficos del territorio. El ciberespacio se constituye en el nuevo campo de la economía, de la cultura y del diálogo humano. El efecto llamada se ha propagado en buena parte a través de las imágenes de los informativos y de los programas de entretenimiento, pero seguramente, en mayor medida por la publicidad de los teléfonos móviles. El teléfono ya no es un producto para la comunicación sino una forma de aislamiento en una ciudad saturada de automóviles cuya única esperanza de movilidad empieza a ser la conexión permanente con algo o alguien.
Hacia la Europa del bienestar emigran los africanos o latinoamericanos. Pero una buena parte de la civilización que ahora atrae a los desempleados de afuera se encuentra a su vez en pleno proceso de emigración hacia los mundos electrónicos. Esos mundos son los medios que están operando o experimentando un proceso de migraciones tecnológicas. Este traslado, que algunos denominan convergencia telemática, supone el movimiento masivo de tecnologías y contenidos analógicos e industriales hacia los digitales y virtuales.
En el siglo XXI se terminará lo ya empezado en el anterior, las nuevas fronteras de la comunicación serán los del mundo de las empresas y de los consumidores como hasta ahora. Pero el capital del conocimiento, es decir, los conceptos, las ideas, los sonidos y las imágenes serán los nuevos valores. Hasta ahora, ese capital había sido considerado propiedad privada al igual que los bienes físicos. Por eso, las nuevas empresas se hallan en pleno proceso de concentración económica con el fin de crear redes mundiales para los suministradores y usuarios de bienes comunicacionales. Los usuarios emigran hacia nuevas formas del entretenimiento, de la información y la cultura diseñadas por empresas que mantendrán con ellos una relación a largo plazo.
Los cambios que se están experimentando en las relaciones económicas de las empresas multimedia tendrán efectos a largo plazo sobre los conceptos mismos de producción en el sistema capitalista conocido hasta ahora. Las empresas de comunicación s han dedicado principalmente a producir películas, programas de televisión, vídeo juegos. Es decir, productos físicos que se compran a otras empresas y que se venden en los mercados internacionales.
En los próximos años una cantidad cada vez mayor de empresas se dedicarán a la comercialización de experiencias comunicativas a través de los géneros del entretenimiento o de la información. Las compañías AOL Time-Wagner, Microsoft, Turner, Microsoft, Sony, Disney, Bertelsman, Real Networks están estructurando sus empresas para pasar de la venta de productos a la mercantilización de la comunicación lúdica que incluye acontecimientos, eventos y participación en grandes campañas de comunicación solidaria (Turner cofinanciando a la Unesco, Bill Gates patrocinando a la Real Academia Española). Naturalmente surgen alternativas peligrosas para el sistema capitalista musical como es el fenómeno Napster (que permitió a más de 70 millones de personas intercambiar música directamente a través de su ordenador, sin pasar por un centro de compras y sin gastar un centavo. Las compañías reaccionaron y los jueces se pusieron de su lado: «Han creado un monstruo, ahora les toca arreglarlo» declaraba la juez que se ocupa del caso, al mismo tiempo que amenazaba con cerrar el servidor de Internet de Napster. Las compañías musicales habían enviado a Napster más de 600.000 títulos para que se les suprimiera del servidor. Sin embargo, esta vía de escape del sistema tenía sus días contados, no sólo por la acción judicial sino por la alianza inevitable con Berstelman, el gigante de la comunicación que ha invertido 50 millones de dólares en la web de Napster como pieza clave de su estrategia comercial. Pero nuevas alternativas siguieron inmediatamente a esta primera gran experiencia de autogestión musical.
Al inicio de la nueva economía de la comunicación, los clientes de clase media adquirían ordenadores, películas en vídeo o en DVD, software integrados, cámaras digitales, etc. Actualmente, los productos se comercializan cada vez menos porque las compañías están interesadas en alquilar y gestionar una gran gama de servicios de información, plataformas y contenidos educativos, recursos culturales y experiencias personales. El negocio ha emigrado de la venta del producto al alquiler de tiempo de experiencia comunicativa del usuario.
Las comunicaciones que comenzaron con la mercantilización de los barcos para el transporte de los productos y flujos migratorios de la antigüedad y continuaron a través de los medios de transporte terrestre en la época industrial, son ahora espacio/virtuales y están a punto de llegar al centro de la persona y convertir la identidad misma del yo en un mercado. La larga emigración hacia los bienes intangibles podría tener aquí su puerto definitivo de llegada.
En la antigüedad cuando los territorios agotaban los bienes para la subsistencia de sus habitantes, éstos abandonaban sus tribus y emigraban hacia zonas más ricas en bienes básicos. Podríamos pensar que las emigraciones a partir de la revolución industrial se asemejan todavía a las primeras. Pero hay otra forma de emigración aún. En la época del Imperio Romano, el Senado dispensaba los territorios de sus provincias como pensión vitalicia a quienes habían servido en sus ejércitos. De esta manera, la descentralización cumplía el doble objetivo de crear colonos para gobernar y defender los pueblos y tierras conquistadas. Con ello mantenían contentos a los altos mandos que renunciaban a tentaciones de poder en la Roma Imperial.
La revolución iniciada en la era post industrial tiene bastante más que ver con la política de asentamientos de la emigración romana. La integración de los territorios comunicativos de la sociedad en la esfera comercial ha dado vuelta la situación tradicional de la sociedad donde una vez establecidos los sistemas de movilización y comunicación podían acceder los mercaderes. Una de las características más innovadoras de la globalización comunicativa la migración digital consiste en que toda la economía se traslada a la red de comunicación. De tal manera que un número relativamente pequeño de o grandes compañías establecen filiales y zonas de franquicias, una verdadera macdonalización de la economía mundial. La segunda innovación reside en un nuevo sistema, basado en el anterior. La globalización de la red de comunicación se construye sobre la base de la descentralización del comercio no de productos sino de la capacidad intelectual y creativa de los mismos usuarios. El sistema de pago por impacto en las páginas web, pago por ver, es sólo una de las formas que adquiere la mercantilización de bienes intangibles. Los usuarios crean webs o portales aportando su saber y su imaginación y la red les devuelve una transacción basada en do ut des. Como creador de una web recibo en pago publicitarme en otras web con tal de aceptar publicidad en mis páginas. Todos los creadores de sitios en Internet ansían tener un patrocinador, es decir, una marca que se publicite gratis en sus páginas. Los precedentes de este sistema no son, sin embargo, totalmente desconocidos. No otra cosa hacen todos aquellos que aparecen en televisión como público-decorado en los programas de entretenimiento. Usted nos concede su imagen y su tiempo y nosotros le pagamos con un espacio de gloria en la pantalla. A esta convocatoria popular concurren no sólo espectadores jubilados y amas de casa. Los escritores de novelas y científicos se prestan gustosos a un talk show sin cobrar en metálico porque un minuto de su presencia en la pantalla puede equivaler a una media de 1 o 2 millones de espectadores como mínimo.
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Lorenzo Vilches, La migración digital, Gedisa, Barcelona, 2001, p. 31-35.


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