Albert Camus | Medios, clandestinidad y resistencia*
| English: Albert Camus in 1957 (Photo credit: Wikipedia) |
Cuando redactábamos nuestros periódicos en la clandestinidad, lo hacíamos naturalmente con sencillez y sin declaraciones de principios. Pero, lo mismo que todos nuestros camaradas de todos los periódicos, albergábamos una gran esperanza secreta. La esperanza de que esos hombres que habían corrido peligros mortales en nombre de unas ideas que amaban, sabrían darle a su país la prensa que merecía y que ya no tenía. Sabíamos por experiencia que la prensa de preguerra había perdido sus principios y su moral. El afán de dinero y la indiferencia por las cosas nobles habían actuado al mismo tiempo para dar a Francia una prensa que, con raras excepciones, no tenía otro propósito que acrecentar el poder de algunos, ni otro efecto que envilecer la moral de todos. No le fue, pues difícil a esta prensa convertirse desde 1940 a 1944 en la vergüenza de este país.
Nuestro deseo, tanto más profundo cuanto que en general no lo expresábamos, era liberar a los periódicos del poder del dinero y darles un tono y una verdad que pusieran al pública la altura de sus más nobles sentimientos. Pensábamos entonces que un país vale por lo general lo que vale su prensa. Y si es verdad que los periódicos son la voz de una nación, estábamos decididos, desde nuestro puesto y por nuestra modestia parte, a levantar este país elevando su lenguaje. Por esta motivo, y con razón o sin ella, muchos de los nuestros han muerto en condiciones inimaginables, y otros sufren la soledad y la amenaza de la prisión.
En realidad, nosotros sólo ocupábamos unos locales donde confeccionábamos periódicos que publicábamos en plena batalla. Fue una gran victoria y, desde este punto de vista, los periodistas
de la Resistencia demostraron un coraje y una voluntad que merecen el respeto de todos. Pero, y quiero disculparme por decirlo en medio del entusiasmo general, eso es poca cosa, puesto que todo queda por hacer. Hemos conquistado los medios para realizar esa revolución profunda que deseabamos, pero aún falta que la realicemos realmente. Y, para decirlo de una vez, la prensa liberada, tal como se presenta en París después de una decena de números, no es muy satisfactoria.
Quisiera que se interprete bien lo que me propongo decir en este artículo y en los siguientes. Hablo en nombre de la hermandad de lucha y no aludo aquí a nadie en particular. Las críticas que se pueden formular se refieren a toda la prensa sin excepción, y nosotros nos incluimos. Se podrá argumentar que esta crítica es prematura, que hay que dar tiempo a nuestros periódicos para organizarse antes de hacer este examen de conciencia. La respuesta es «no».
____________________
*Albert Camus, Moral y política, trad. Rafael Aragó, Alianza Lozada, Madrid, 1984, p. 21-22.

No hay comentarios:
Publicar un comentario