Friedrich Nietzsche | El arte de [ponernos en escena]*
DOS AFORISMOS DE LA GAYA CIENCIA
Friedrich Nietzsche (by Edvard Munch)
Los artistas, fundamentalmente los teatrales, han sido los primeros en dotar a los hombres de ojos y oídos para ver y oír con cierto placer lo que cada uno es, lo que cada uno experimenta, lo que cada uno quiere. Ellos fueron los primeros en enseñarnos a estimar al héroe que hay oculto en todo hombre corriente; los que nos enseñaron a considerarnos héroes, a vernos desde lejos y, por decirlo de alguna manera, transfigurados –el arte de "ponemos en escena" ante nosotros mismos–. ¡Sólo así podemos pasar por alto algunos viles detalles nuestros! Sin ese arte no seríamos más que un "primer plano", y no haríamos más que vivir enteramente bajo el ángulo de esa óptica que agranda monstruosamente lo que hay de inmediato y de vulgar, dándole de este modo la apariencia de la realidad en sí. Tal vez tenga un mérito análogo esa religión que mandaba examinar en detalle el carácter pecador de todo hombre y que convertía al pecador en un criminal inmortal, pues al mostrar en torno a él perspectivas eternas, enseñaba al hombre a considerarse desde lejos, como algo acabado y total.
Veo aquí a un poeta que, como más de un hombre, ejerce un atractivo mayor por sus imperfecciones que por todo lo que sale redondo y elaborado de sus manos. Así es, consigue más provecho y más gloria por su incapacidad que por su fuerza abundante. Su obra no expresa nunca plenamente lo que en suma quisiera expresar, lo que le gustaría haber visto. Parece que hubiese presentido una visión, si bien nunca la visión misma, pero en su alma permanece una sed inmensa de esa visión, y de ella extrae su elocuencia no menos inmensa, nacida del deseo y de la ambición. Mediante ella, eleva a quien lo escucha por encima de su obra y de todas las "obras", y le da alas para elevarse a una altura tal que nunca alcanzarían los oyentes. Y así, convertidos ellos mismos en poetas y en videntes, le manifiestan al autor de su felicidad tanta admiración como si los hubiese conducido a la visión de sus realidades más sagradas y como si él hubiese visto realmente y comunicado su visión. Su gloria se beneficia del hecho de no haber alcanzado realmente su meta.
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Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia,trad. Luis Días Marín, Edimat, Madrid, 1999, p. 92-93.
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