lunes, 6 de mayo de 2013

Daniel Cosío Villegas | El mercado mexicano de las publicaciones periódicas

Daniel Cosío Villegas | El mercado mexicano de las publicaciones periódicas



Los diarios y revistas pueden dividirse burdamente en dos categorías. Los menos, son empresas comerciales e industriales que dan a sus accionistas ganancias satisfactorias; por lo tanto, nada más ajeno a ellas que querer predicar y defender alguna doctrina política. No faltan los propietarios que sostienen a pérdida publicaciones periódicas porque les sirven como medio de obtener del gobierno apoyo para empresas de otra índole (bancarias, industriales o comerciales) que son el verdadero origen y sostén de las considerables fortunas de esos empresarios metidos sólo incidentalmente a periodistas. Pero la gran mayoría de estas publicaciones periódicas carecen de base económica para sostenerse por sí mismas y, por lo tanto, su supervivencia reposa enteramente en la ayuda oficial, que toma desde la forma inocente de la compra de un número considerable de suscripciones, o de anuncios innecesarios del propio gobierno o de las empresas semi-oficiales, hasta la más insidiosa del subsidio en dinero constante y sonante, dedicado a pagar salarios, materia prima, etc.

Resulta raro, de verdad excepcional, el diario o revista que hace un esfuerzo sostenido y laborioso para seguir un curso medio que salve estos escollos. Por un lado, tiene que asegurarse un grupo de anunciantes menos temerosos que le permitan vivir y prosperar, sin renunciar por ello a mantener una actitud de cierta independencia frente al gobierno. Esta segunda faena es más delicada todavía, porque los gobiernos mexicanos en general han sido intolerantes de cualquier opinión disidente, así sea templada y hecha con la mejor buena fe visible. Entonces, el único camino abierto a las poquísimas publicaciones independientes es dar con la proporción justa de elogios y censuras para mantener su independencia y, al mismo tiempo, evitar ser objeto de una presión o de una represalia que puede ser fatal. No sólo el público, sino los periodistas profesionales, creen que el gobierno es el único obstáculo a la libertad de prensa mexicana, cuando pueden serlo también los anunciantes. Si un periódico juzga de su deber revelar grandes males o injusticias sociales, lo tachan de "comunista", exactamente como lo hace el gobierno, y le retiran la publicidad. Si se considera que la subsistencia de un diario mexicano depende de tener ocupado con anuncios el sesenta por ciento de su espacio, se verá hasta qué punto es hacedera la efectividad de un boicot publicitario. Entonces, un diario independiente tiene que cuidar dos frentes, el oficial y el del anunciante, haciendo así bien difícil hallar un curso medio entre esos dos peligros.

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*Daniel Cosío Villegas, El sistema político mexicano, Cuadernos de Joaquín Mortiz, México, 1974, p. 76-77


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